*Alguien me ha preguntado que si creo en la reencarnación y respondo: Cuando conocí El Sendero y mi Maestro Saint Ajaib Sant Ji me lo afirmó, creí que había sido mi presentimiento...ahora llegó a ser realidad, la reencarnación es un hecho sin dudas.*
Un 14 de Agosto a las 7 y 17 minutos día 7 de 1949, nací ante el comienzo de una noche semiotoñal...era el tiempo de las cometas, del aire presuroso, cálido del arrullo de las araucarias imponentes, del canto de los búhos de la nocturnal fecha. No había prisa, todo se llevaba con la parsimonia de hallarme en mi propia casa de habitación sin ruidos de hospital ni sirenas molestas...al contrario, había un eco del canto de una sirena del mar Argentino...una mujer que tenía en su voz la mas cálida tonalidad de una séptima en letras de su registro vocal en su nombre: soprano...cantaba, con un nombre como una marca: LIBERTAD que tiene siete letras...mis primeras notas musicales nacieron esa noche de luna llena...en mi consciente inconsciente. Sin saber que camino largo comenzaba en tan corto lapso del tiempo eterno que me esperaba de comienzo. Mi llanto fue premonitorio, casi como el eco de mi madre que lloró todo el día anterior a mi nacimiento mirando si mi padre llegaba de pesquería donde se encontraba ausente de mi pueblo natal.
Fueron los teloneros de mi llegada a este gran teatro de la vida mi amada abuela Susana Arango Escobar que siempre asistió a mi madre en el nacimiento de todos mis hermanos; el Doctor Isaza, medico de cabecera de casa, Doña Margarita Correa la enfermera auxiliar y de observador Guillermo mi padre, que apareció muy a tiempo para mi salida a este escenario. Al ritmo de mi llanto se escuchaba el concierto que había comenzado a las seis de la tarde por la cantante popular y de moda Doña Libertad Lamarque donde hacía esa noche su Debut en los bajos de mi casa donde funcionaba el Teatro de mi ciudad Cabal.. He tenido ganas de hacerme una regresión para describir mis emociones del momento escuchando esa hermosa voz y los temas escogidos para dicho concierto. Al otro día de haber llegado a éste mundo comenzaron las visitas para conocer a tan rosadita niña que fui yo con unos ojos abiertos cual ventanas asombradas de tanta luz que me rodeaba, pienso del haber sido el momento desconocido posterior a mi llegada, pues de la noche anterior, en las luces de faroles y bombillas eléctricas no existía la calidez del día natural del amanecer al quince de agosto. Aun en esos amaneceres frescos y de agosto, el canto de los pájaros rodeaban el ambiente que lleno de árboles y naturaleza eran aves cantoras que actuaban como los despertadores matinales, cual rocío fresco y sonoro de notas festivas de un nuevo amanecer.
Como me alegra mi querida María Elena tu recuperación. Te dejo un abrazo con mucho cariño
ResponderBorrarVengo de lo de Ricardo y la belleza natural de tus palabras me ha acercado a vos...
ResponderBorrarfelicitaciones por tu blog
Hola Maria Elena, muy querida y admirada amiga.
ResponderBorrarQue recuerdos familiares tan bellos que me llevan a la Pereira de mi niñez y juventud. Disfruto mucho de tus escritos y hago eco del comentario de Mucha (Recomenzar) al que me sumo con grato sentimiento.